El dolor de la ausencia

COMPARTIR

Esta semana hace un año despedí al amor más grande de mi vida: Eva.

Llegó a mi en diciembre del 2007 después de hacer un presentación de power point donde le sustenté a mis papás porque quería una mascota. En esa presentación incluí qué cuidados iba a necesitar esta nueva integrante de la familia, a qué me iba a comprometer yo (ya que estaba en mi plena adolescencia y no tenía muy claras mis prioridades) y finalmente, porque esa raza era la mejor opción para vivir en un apartamento.

Hoy, un año después de haberme despedido de ella y de tomar la decisión de ayudarla a morir, sé que en esa presentación omití la información más importante y era qué hacer con el dolor que iba a sentir cuando ella me faltara.

Hoy quiero hacer algo con ese dolor. Quiero escribirlo. Quiero sacarlo de mi sistema y tal vez animar a alguna persona que haya sufrido, como yo, el dolor de la ausencia de una mascota a hacer un ejercicio parecido porque solo quienes han tenido una saben el nivel de conexión que se alcanza a sentir con estos seres mágicos.

Decidí hacer una lista de todas las cosas que aprendí de Eva, mi compañera y mi maestra.

Acá va:

  1. Me enseñó que el amor es infinito y que la distancia no es una razón para dejar de amar
  2. Me enseñó el valor de salir a tomar el sol y dejarse calentar por los rayos. En mi casa esto se conoce como tomar “baños de sol” y todos los días trato de acercarme a la ventana a buscarlos.
  3. Me enseñó la importancia de cultivar la soledad. Siempre que quería espacio salía a buscar ese lugar seguro dentro de la casa para contemplar la vida sola sin importar el paso del tiempo.
  4. Me enseñó a disfrutar un buen plato de comida y a bailar y disfrutar el placer de nutrir nuestro cuerpo.
  5. Me enseñó a valorar el ejercicio y el movimiento consciente. Ella amaba salir con el paseador de perros hasta que su enfermedad se lo impidió y por la ventana se quedaba añorando sus paseos.
  6. Me enseñó la importancia de los límites. Vivía con dos perros más y siempre fue capaz de separarse y de decir “no” con su mirada cuando no quería jugar sin grosería y sin herir.
  7. Me enseñó la importancia de descansar. Dormía a cualquier hora del día y dónde fuera y no había ruido que la despertara (excepto el ruido de un paquete de comida)
  8. Me enseñó la importancia de compartir. Compartir espacios, tiempo, juguetes, comida, agua y cama porque la abundancia solo llega cuando somos generosos con lo que tenemos.
  9. Me enseñó que los animales y las personas cumplen un propósito en nuestra vida y el de Eva fue acompañarme hasta que yo me volviera a reencontrar y lo hice hace ya más de un año cuando nació Miut.

Por eso mientras escribo esto confirmo que Eva se fue porque yo también estaba lista para dejarla ir y el dolor de cualquier ausencia es solo el reflejo de lo mucho que amamos, de todo lo que entregamos y sobre todo, de nuestra humanidad. Y atravesaré el dolor de su ausencia las veces que sea necesario porque su compañía me salvó la vida.

Y como escribió mi hermana:

“Eva hoy estamos completas gracias a ti: Rubi, Lola, Susana, Teresa, Beatriz y Cat, pero ahora nos faltas tú”

Y sí, en mi familia tenemos 6 animales entre perros y gatos 🙂

Eu de Miut